La UACJ y la Santísima Trinidad laboral
En la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, todo parece multiplicarse: los sindicatos, los contratos, las consultas… y hasta el patrón. Lo que la reforma laboral de 2019 imaginó como un ejercicio de transparencia y legitimación democrática se ha convertido aquí en un entramado de convocatorias simultáneas y representaciones fragmentadas.
Entre los casos más reveladores se encuentra el del Sindicato del Instituto de Ciencias Biomédicas (SPAICB), cuyo proceso de 2024 permite entender con nitidez cómo la universidad ha organizado sus relaciones laborales. Su Secretaría General tuvo la amabilidad de dialogar y precisar la información disponible, un gesto que valoramos sinceramente porque muestra que es posible abrir espacios de conversación fuera del guion institucional.
El proceso del SPAICB fue particularmente inédito: por primera vez en la UACJ hubo competencia por la titularidad del contrato colectivo. El sindicato, de reciente creación y ajeno a los equilibrios tradicionales de rectoría, buscó obtener la constancia de representatividad, pero no alcanzó la mayoría requerida. En consecuencia, el AGREPEAC condujo la negociación y firmó en octubre de 2024 el nuevo contrato, bajo el cual quedaron amparados los derechos laborales de todas y todos los académicos del Instituto de Ciencias Biomédicas.
El caso ilustra con claridad cómo la universidad actúa como si cada instituto fuera un empleador distinto, forzando a los sindicatos a competir por reconocimiento y fragmentando una relación laboral que, en sentido jurídico, debería permanecer unificada bajo un solo patrón.
En 2025, la historia vuelve a repetirse con precisión casi ritual. Hace apenas unos días, el SPAIIA realizó su consulta, y ahora es el SPAICSA quien convoca a salir a votar el convenio de revisión del Contrato Colectivo de Trabajo 2024–2025. El texto es idéntico a los firmados por el SPAIIA y el AGREPEAC; cambian los nombres, las fechas y el membrete, pero el contenido permanece inalterado.
El Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral, que debería garantizar la unicidad de la titularidad y la autenticidad de la negociación, ha permitido esta práctica sin reparos. En los registros aparecen tres contratos espejo —SPAIIA, SPAICSA y AGREPEAC—, todos con el mismo patrón, las mismas cláusulas y el mismo resultado. La ley laboral, que prohíbe expresamente la coexistencia de varios contratos sobre un mismo centro de trabajo, ha sido estirada hasta su límite por un patrón público que cumple con la forma, pero contradice el fondo.
A simple vista, podría parecer una irregularidad burocrática; en realidad, es un sistema cuidadosamente diseñado. La UACJ fragmenta la negociación, dispersa la representación y conserva el control. Y en esa flexibilidad institucional parece contar con la tolerancia —o la indiferencia— de quienes deberían hacerla cumplir.
Mientras tanto, los sindicatos repiten año tras año la misma coreografía: se convocan asambleas, se integran comisiones, se depositan convenios y se agradecen los resultados de consultas que más que votaciones son confirmaciones. En la práctica, la universidad negocia siempre consigo misma: una sola estructura patronal con varios interlocutores subordinados.
A menos que la universidad logre presentar una explicación jurídica convincente, todo indica que ha construido su propio dogma laboral: es Padre cuando firma desde Rectoría, Hijo cuando lo hace a través de los institutos y Espíritu Santo cuando aparece —invisible pero omnipresente— en cada consulta, en cada depósito y en cada silencio. Un solo patrón con tres rostros y una sola fe burocrática.
Pero el misterio no termina ahí. A imagen y semejanza de su creador, la universidad también ha engendrado su propia trinidad sindical: el SPAIIA, el SPAICSA y el AGREPEAC, tres sindicatos distintos que profesan el mismo credo contractual, comparten idéntico texto y ofician, cada uno en su turno, la misma ceremonia de consulta. Ninguno rivaliza con el otro; todos coinciden en la misma fe: la del consenso administrado.
Así, la Santísima Trinidad laboral de la UACJ se completa: tres sindicatos oficiales frente a un solo patrón, tres contratos iguales que se repiten como letanías, y un mismo espíritu de obediencia que recorre toda la institución. La unidad se conserva no por convicción, sino por diseño. Y en ese equilibrio perfecto —de formas múltiples y fondo único— se consuma el milagro inverso de esta universidad: convertir el control en virtud y la obediencia en fe.