Universidad Democrática

La elección del SPAICSA: victoria pírrica y desgaste irreversible del oficialismo

La elección del SPAICSA fue, para el oficialismo, una victoria pírrica en lo formal y una derrota severa en lo político. Retuvo por apenas tres votos la Secretaría General, pero perdió cinco de las siete secretarías en disputa. Conservó la General y actas y acuerdos, pero perdió previsión social, asuntos laborales, organización, relaciones intersindicales y finanzas. Más que una ratificación, el resultado marca un quiebre.

El dato central no está en la Secretaría General vista de manera aislada, sino en el nuevo equilibrio interno. El oficialismo mantuvo dos posiciones, pero perdió el control político amplio del sindicato. Y eso se vuelve todavía más delicado porque la Secretaría General recae en una persona que ha sido incapaz de rendir cuentas claras sobre los recursos del sindicato y que llega además bajo cuestionamientos por prácticas irregulares documentadas durante la campaña y la propia jornada electoral.

Retener la Secretaría General y actas y acuerdos no le devuelve al oficialismo la capacidad de conducir por sí mismo la vida interna del sindicato. Enfrente tendrá cinco secretarías que exigirán cambios de fondo y podrán imponer límites políticos e institucionales firmes a cualquier intento de continuidad inercial. La fragilidad se vuelve todavía más evidente cuando se mira el dato electoral desnudo: en la elección de Secretaría General, Thelma Artalejo obtuvo apenas poco más del 40% de los votos emitidos. Casi el 60% no votó por ella. Su triunfo formal no expresa respaldo amplio, sino legitimidad estrecha y margen de maniobra reducido.

Durante años, el SPAICSA funcionó menos como un sindicato deliberativo y colegiado que como una estructura de trámites, favores y acomodos. La claridad financiera fue insuficiente, el orden documental precario y la vida gremial cada vez más débil. Por eso, lo que sigue no puede entenderse como un simple relevo parcial de personas. Lo que se abrió es una nueva correlación de fuerzas que coloca en primer plano tareas inmediatas: entrega-recepción real, clarificación financiera, rescate documental, identificación de pendientes y reforma estatutaria. En ese escenario, actas y acuerdos será una bisagra decisiva: puede facilitar el paso hacia una vida sindical más clara y legítima, o puede aferrarse al viejo esquema y desgastarse con él.

Pero lo sucedido en el SPAICSA no está aislado. Se suma al revés sufrido antes por el oficialismo en el sindicato de trabajadores administrativos y a antecedentes más antiguos de reorganización gremial, como la aparición de una expresión académica independiente en el ICB. Vistos en conjunto, estos procesos muestran que lo que empieza a resquebrajarse no es una figura aislada, sino un modelo entero: dirigencias cómodas para la autoridad, reglas envejecidas, opacidad y una representación laboral más inclinada al acomodo que a la defensa efectiva.

La advertencia es clara. Las bases administrativas y académicas han empezado a mostrar con fuerza creciente su descontento con la forma en que se ha administrado la vida laboral y sindical en la UACJ. Pretender que no pasa nada, que todo se arregla solo o que basta con esperar a que el enojo se enfríe, sería un error grave. Lo que está emergiendo no es una molestia pasajera, sino una fuerza acumulada. La elección del SPAICSA dejó una imagen contundente: el oficialismo todavía pudo conservar algo, pero ya no pudo seguir conservando como antes. Y cuando lo que se agota no es sólo una dirigencia, sino la legitimidad entera de un esquema de control, contener ya no equivale a gobernar.